Claves para combatir la ansiedad

La ansiedad la podemos definir como una reacción normal del hombre ante situaciones de peligro o de amenaza externa real o también interna, y aparente. Se la considera una de las emociones principales. Cuando esta se hace presente de manera no adaptativa, es decir que se desencadena o aparece frente a mínimos estímulos, desencadenando una respuesta exagerada en el organismo, cuando esta no es acorde  a las circunstancias, cuando se vuelve permanente o aumenta su frecuencia e intensidad, con miedos que son intensos, no controlados por la persona que los presenta, y que interfieren en la actividad cotidiana, disminuyendo y afectando así la calidad de vida de quien lo presenta. Es aquí entonces donde podría caber el hecho de estar presente frente a un trastorno de ansiedad.

A fin de evitar y tratar la ansiedad es que hoy vamos a explicar que tipos de actividades y acciones deberías realizar de forma diaria además de la consulta con un profesional de la salud medico.

Claves para combatir la ansiedad

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Aprender a relajarse: informarse de cómo hacerlo, a través de técnicas y métodos de meditación y relajación corporal, son eficaces para atenuar los síntomas de ansiedad. Practicar diariamente técnicas de respiración diafragmática y de relajación muscular en el rato de tiempo libre que tengas, principalmente en las primeras horas de la mañana y antes de acostarte serán de gran ayuda.

Dormir las horas necesarias: se debe intentar dormir entre 7 a 8 horas al día. No acostarse tarde y realizar actividades relajantes antes de irse a dormir como leer, escuchar música tranquila. Es indispensable que las horas de descanso se realicen en un ambiente sin ruidos molestos y oscuro.

Evitar excitantes: no beber bebidas estimulantes, como café, bebidas carbonatadas con cafeína antes de ir a dormir. Evitar té y cualquier otra bebida excitante. Moderar el consumo de alcohol y de tabaco.

Buscar ambientes agradables: evitar aquellos ambientes estresantes, cargados de energía de tensión y discusión. Procurar que el entorno que te rodea sea lo más relajante posible, sobre todo en dos ámbitos en los que pasas la mayor parte de tu tiempo, el trabajo y tu casa.

Organizarse: planificar las actividades con antelación, dejando algunos espacios libres para imprevistos mejora y disminuye la ansiedad cotidiana. Además de esta manera se ahorran las preocupaciones, sobresaltos y olvidos de ciertas actividades.

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Priorizar: no intentar llegar a hacer todo. Tener presente que el día consta solo de 24 horas y en él se deben seleccionar las actividades más importantes para llevar a cabo y aprender a delegar otras actividades a terceros o postergarlas de no ser prioritarias al día siguiente.

Solucionar problemas: afrontar los problemas y no esconderlos es fundamental. Cuando vea que es capaz de solucionarlos se sentirá mucho mejor.

Tomar decisiones: se debe seguir un proceso lógico, en el que se plantea el problema, se buscan las posibles soluciones, se analizan los pros y contras, de cada una de ellas y se elige la mejor opción. No existe la solución perfecta y se debe tener en cuenta que una vez que se ha decidido, no se debe volver a dudar, ya que esto crea más ansiedad.

No ser catastrófico: la ansiedad que una situación dada nos genera va a depender en gran medida de las consecuencias que prevemos. Es así, que es importante no hipervalorar la posibilidad de que todo va a salir mal. No empezar a sufrir un problema que aún no existe. No adelantarnos a este problema que tal vez no se desencadene como lo pensamos.

No complicarse por demás frente a una situación dada: no agregar más dificultades a las ya preexistentes en un momento dado. Por ejemplo si estamos sobrecargados en el trabajo, no hacer una mudanza de la casa en ese momento. En este momento es bueno tener un espacio de relax y no otro que nos genere más tensión y preocupación y gasto de energía.

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Hacer ejercicio: practicar algún deporte de forma moderada pero continua, y regular, es decir al menos unas tres veces por semana, nos ayuda a desconectar de los problemas, sentirnos mejor de ánimo, a liberar endorfinas y estar mejor físicamente. Andar unos 30 minutos al día puede ser suficiente, nos ayuda a relajarnos, siempre y cuando la actividad no se extenuante.

Cuidar la alimentación: comer sano, con un plan de alimentación equilibrado, completo, nutritivo y balanceado es sumamente importante. La dieta mediterránea es un claro ejemplo. Se debe aprovechar el momento de la comida para desconectar y olvidarse de las preocupaciones y concentrarse en lo que uno está haciendo en ese preciso momento, alimentar al cuerpo.

Practicar el “ocio”: dedicar tiempo al disfrute y ocio. Si durante la semana se hace más complicado por las obligaciones pertinentes, dejar los fines de semana para descansar y cultivar las aficiones. Dejar el trabajo en el trabajo y no llevarlo a casa.

Fomentar las relaciones sociales: cuidar las relaciones y las personas del entorno más próximo y dejar que ellos cuiden de uno mismo. Evitar los conflictos y las confrontaciones que no son necesarias.

Minimizar los problemas: todas las personas presentan problemas, más grandes o más chicos, a cotidiano que deben resolverse. No dejar que la ansiedad domine la mente y las emociones. No hacer más grande un problema de lo que en realidad es. Darse tiempo para poder resolver el problema.

No prestar tanta atención al ¿Qué dirán?: actuar con naturalidad, sin esperar que a todo el mundo le agrade lo que uno hace ni como uno actúa. Ser sincero en la forma de accionar de uno mismo. No preocuparse por lo que digan los demás.

Premiarse: reconocer los avances propios y felicitarse a uno mismo cuando ha alcanzado tras esfuerzo una meta u objetivo que se había propuesto. Nunca menospreciar los logros por más pequeños que sean.

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Superar los miedos: hacer una lista de cosas que le generan temor o miedo para así poder de apoco comenzar a afrontarlos y así poder superarlos. Seguramente después se sentirá mejor y reconfortado,. No dejar que un miedo irracional lo inunde de preocupaciones y lo paralice al punto de que no pueda continuar con sus actividades cotidianas.

Dejarse ayudar: cuando lo requiera déjese ayudar. Hay mucha gente dispuesta a dar “una mano” cuando así lo necesite. Aprenda a pedir ayuda. No es necesario que pueda hacer todo usted mismo y solo.

Aprender a decir que no: darse el permiso o permitirse decir que no frente a situaciones que no desea. Simpatice y diga algo amable pero si la respuesta es no dígalo directamente, sin dar vueltas y sin justificaciones continuas. Si quiere ayudar, hágalo de forma voluntaria y de manera que sea aceptable para usted.

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